Estudiar la población en el siglo XXI, nuevos retos para la investigación (I)

Categories: Extractos I&M

Autor:

Fernando SantiagoDirector técnico de AIMC

En dos décadas, la población española ha crecido un 17%, más del 13% tiene su origen de nacimiento en el extranjero, muestra claros signos de envejecimiento, cuenta con un 25,1% de hogares unipersonales y ha sucumbido sin ambages a la revolución tecnológica. Datos, todos ellos, de gran relevancia para la investigación, sobre los que se profundiza en este artículo –primero de una serie de ellos–, para ofrecer una aproximación a los cambios ocurridos en nuestro país y que afectan de manera directa a la labor investigadora de mercados, de medios y sociológica.

demografia

En los últimos 20 años, la población española ha experimentado fuertes cambios sociodemográficos. Dos décadas que han dado para 10 años de crecimiento y otros tantos de crisis. En un momento en que desde el marketing se habla constantemente de ‘millenials’, de ‘Generation X’, ‘Y’ o ‘Z’, creemos que es oportuno rescatar los conceptos de análisis poblacional básicos y ver cómo hemos llegado a donde actualmente estamos. Nos centraremos por ahora en la estructura de la población, en el equipamiento y consumos de los hogares, y cómo no, en la revolución tecnológica de los últimos años, cuyas consecuencias están en pleno desarrollo. 

La demografía del país

La población ha crecido alrededor del 17% entre 1995 y 2017, alcanzando los 46,5 millones de habitantes. Sin embargo, el ritmo de crecimiento ha cambiado su signo. Los incrementos interanuales fueron haciéndose mayores a partir de 2002, y se mantienen por encima del 1,5% de crecimiento anual hasta 2008. A partir de entonces se empieza a descender y llega a ser negativo entre 2013 y 2015.

Los años de crecimiento económico anteriores a la crisis tuvieron uno de los efectos poblacionales más nuevos en nuestro país: la inmigración. De ser un país con fuerte corriente de emigración durante algunos periodos del siglo XX, se pasa a ser un país de destino laboral. Desde finales de los 90 la entrada de inmigrantes es constante: si en 1998 representaban 1,2 millones y un peso del 2,9%, en 2005 ya suponían el 10% y 4,4 millones. El pico se alcanza en 2012, con casi 6,8 millones (el 14,3% de la población), observándose una caída leve, pero constante, desde entonces. Pero en lo relativo al ritmo de crecimiento de los inmigrantes, los años más significativos se dan entre 2000 y 2008, casi todos ellos por encima de los dos dígitos, para caer drásticamente desde entonces e incluso ser negativo desde 2013. 2016 acaba con un 13,2% de nacidos en el extranjero (6,1 millones).

La otra característica demográfica relevante en estas dos décadas es el envejecimiento experimentado por la población: desde principios de los 70 España ve reducir su población más joven. Si en 1971 los menores de 35 años representaban más de la mitad de la población (55,8%), en 1995 son ya el 49,4% y en 2016 sólo suponen algo más de un tercio (36,7%). El comportamiento más negativo en los últimos 20 años corresponde al grupo entre 13 y 24 años, que desciende 7,5 puntos, pero también es relevante la pérdida de 4,2 puntos del grupo de 25 a 34 años. Los menores de 13 años, en línea descendente también, ven frenar su caída con la explosión inmigratoria. Si en 1971 representaban el 26,1%, toca fondo en 2002 y 2003 con el 13,5%. A partir de entonces y hasta 2012, los menores de 13 años presentan un leve y constante crecimiento. En el lado contrario, son los grupos intermedios, entre 35 y 64 años, los que experimentan crecimientos casi constantes y de mayor peso. Pero quizá llame más la atención el fuerte crecimiento en términos relativos de los más mayores, de 75 años en adelante, que representan ahora un 9,5%, poco menos que el grupo de 14 a 24 años. Y aún más espectacular resulta ver cómo los mayores de 85 años doblan su presencia en 20 años.

Otro de los indicadores que también ha sufrido grandes cambios en estas dos décadas es el tamaño de hogar. Si nos fijamos en los datos del EGM (individuos de 14 y más años), observamos cómo se pasa de 2,84 miembros por hogar en 1995, a un promedio de 2,16 individuos en 2016. Se reduce sensiblemente el tamaño de los hogares, lo que contribuye al incremento relevante de los hogares unipersonales. El censo de 1991 arrojaba un 13,3% de hogares unipersonales, el de 2001 situaba este valor en 20,3% y en la actualidad, el INE calcula que existe un 25,1%, esperándose llegar a casi el 29% en el año 2031.

La distribución espacial, por su parte, ha seguido el conocido proceso de concentración poblacional. Los municipios por debajo de los 10.000 habitantes han ido perdiendo peso paulatinamente, pero de manera moderada. Si en 2000 representaban el 24,4%, en 2016 es el 21,1%. La otra pérdida relativa tiene lugar entre las capitales, que en el mismo periodo pierden casi 3 puntos de peso, pasando del 34,7% al 31,8%. No todas se ven afectadas, sino esencialmente aquellas de menor población y situadas en el interior.

Puedes leer el artículo completo en la Revista Investigación y Marketing. Nº 135 – junio 2017.

 

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